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La crisis de movilidad en Santander ya completa cinco días y el panorama es cada vez más complejo. Lo que inició como una protesta por el aumento del impuesto predial rural, hoy afecta a miles de ciudadanos y mantiene en vilo la economía regional.
La situación en las vías de Santander continúa sin solución clara. Los bloqueos intermitentes en distintos corredores estratégicos mantienen afectada la movilidad, generando largas filas de vehículos, retrasos y pérdidas económicas en varios sectores.
Entre los puntos más críticos se encuentran la autopista entre Bucaramanga y Floridablanca, así como la vía hacia el Socorro, el sector de Papi Quiero Piña y el peaje de Lebrija, donde se han registrado cierres constantes.
El impacto va más allá del tráfico. Transportadores reportan demoras de horas e incluso días en sus recorridos, mientras comerciantes advierten afectaciones en el abastecimiento de productos y pérdidas en ventas. A esto se suma la dificultad para el desplazamiento de trabajadores, estudiantes y pacientes que requieren atención médica.
Un conflicto que escala
La protesta, originada por el incremento en el impuesto predial rural tras la actualización catastral, ha ido tomando fuerza con el paso de los días. Los manifestantes aseguran que los aumentos son desproporcionados y afectan directamente su economía.
Por su parte, las autoridades han reiterado la importancia del diálogo, pero hasta ahora no se ha logrado un acuerdo que permita levantar los bloqueos de manera definitiva.
Impacto económico y social
El gremio transportador ha sido uno de los más golpeados, al igual que sectores agrícolas que dependen del traslado de sus productos.
Además, se reportan viajeros que han tenido que caminar varios kilómetros para llegar a sus destinos, mientras otros han cancelado desplazamientos ante la incertidumbre.
🗣️ Entre el diálogo y el desgaste
Aunque se han instalado mesas de diálogo y un Puesto de Mando Unificado (PMU) para monitorear la situación, la falta de acuerdos concretos aumenta la tensión y el desgaste entre las partes.
La comunidad, por su parte, empieza a cuestionar tanto la efectividad de las protestas como la respuesta institucional.
A cinco días del inicio de las manifestaciones, Santander sigue en un punto crítico, donde la movilidad, la economía y la cotidianidad están en juego.







