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La conectividad aérea en el sur de Santander vuelve a enfrentar un duro revés. La aerolínea Satena confirmó la nueva suspensión de la ruta San Gil – Bucaramanga, un corredor que, pese a su importancia estratégica, no ha logrado consolidarse por falta de demanda suficiente.
La operación, que había sido reactivada en diciembre de 2025 tras un primer intento fallido, fue suspendida nuevamente desde el pasado 2 de marzo de 2026. Se trata del segundo esfuerzo que no logra despegar desde el aeródromo Los Pozos, evidenciando las dificultades estructurales para sostener este servicio aéreo regional.
Según explicó la aerolínea, el principal obstáculo radica en la baja ocupación de los vuelos. De acuerdo con sus análisis operativos, para alcanzar el punto de equilibrio se requiere un factor de ocupación entre el 75 % y el 85 %, acompañado de una tarifa promedio cercana a los $180.000. Sin embargo, las condiciones actuales del mercado no permiten cumplir con estos indicadores.
“La demanda actual no resulta suficiente para garantizar su sostenibilidad, por lo que en el corto plazo no se contempla la reactivación de la operación”, señaló la compañía en un comunicado de prensa.
Paradójicamente, esta suspensión se da en medio de una compleja situación de conectividad terrestre. Las provincias de Guanentá y Comunera han venido enfrentando serias dificultades por el deterioro de las vías y las constantes protestas sociales, que en ocasiones dejan a estos territorios prácticamente aislados del resto del país. En este contexto, la alternativa aérea se perfilaba como una solución clave para mejorar la movilidad de pasajeros, dinamizar el turismo y fortalecer la economía regional.
No obstante, la competencia del transporte terrestre con tarifas más bajas y mayor arraigo entre los usuarios continúa siendo un factor determinante que limita la competitividad del servicio aéreo en este corredor. A esto se suma una cultura de movilidad que aún no incorpora de manera masiva el uso de vuelos regionales de corta distancia.
La situación deja en evidencia un reto mayor para las autoridades locales, gremios y el Gobierno Nacional: generar estrategias que incentiven la demanda, promuevan el uso del transporte aéreo y permitan garantizar la viabilidad de rutas que, aunque hoy no son rentables, sí resultan fundamentales para la integración territorial.
Por ahora, la suspensión de esta ruta vuelve a encender las alarmas sobre el aislamiento que enfrenta el sur de Santander y la necesidad urgente de soluciones estructurales que mejoren su conectividad, tanto por aire como por tierra.








