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El río Magdalena, una de las principales arterias para el transporte de mercancías del país, está enfrentando una situación que preocupa al sector de carga. Los bajos niveles registrados en el afluente han obligado a establecer restricciones para la navegación, afectando el transporte de mercancías desde Santander hacia Barranquilla.
La situación llegó a un punto crítico entre finales de julio y comienzos de agosto, cuando en el sector de Barrancabermeja se registraron profundidades inferiores a un metro, unas condiciones que dificultaron considerablemente el tránsito de embarcaciones de carga.
Aunque el panorama ha comenzado a mejorar y las mediciones más recientes indican que la profundidad en la cuenca media, a la altura de Barrancabermeja, supera actualmente los 2,15 metros, las restricciones para el transporte fluvial continúan debido a las condiciones del río.
El fenómeno de El Niño y la disminución de las lluvias están entre los factores relacionados con la reducción de los niveles del Magdalena. Para una región como Santander, donde el río representa una alternativa estratégica para movilizar productos y mercancías hacia el Caribe, la situación genera preocupación por sus posibles efectos económicos.
Un río clave para la economía
El Magdalena no es solamente un río que atraviesa Santander. Es también un corredor estratégico para la conectividad del departamento con otros territorios del país.
Las restricciones en la navegación pueden significar mayores dificultades para los transportadores, cambios en la logística y posibles incrementos en los costos asociados al movimiento de mercancías.
Cormagdalena aseguró que la navegación no ha sido suspendida y que el transporte fluvial hacia los diferentes municipios mantiene cierta normalidad, aunque reconoce que los bajos niveles han generado restricciones.
Frente a este panorama, la entidad ha venido ejecutando desde 2023 un plan de dragado del río Magdalena, una estrategia que busca mantener las condiciones de navegabilidad y mitigar los efectos ocasionados por la disminución de los niveles del afluente.
La preocupación va más allá del transporte
El bajo nivel del río también comienza a generar inquietudes por otro asunto fundamental: el acceso al agua.
Cormagdalena ya reportó dificultades relacionadas con la captación para sistemas de acueducto en municipios como Mompox, en Bolívar, y Cerro de San Antonio, en Magdalena.
Esto demuestra que la disminución del caudal no solamente representa un problema para quienes utilizan el río como vía de transporte, sino que puede terminar afectando actividades económicas, comunidades ribereñas y el abastecimiento de agua.
La situación vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer las estrategias de mantenimiento y recuperación de la navegabilidad del Magdalena, especialmente ante escenarios climáticos que podrían repetirse.
¿Qué debería hacerse para proteger el río Magdalena y garantizar que siga siendo una vía estratégica para la economía de Santander? ¿El Gobierno está haciendo lo suficiente para evitar que los bajos niveles terminen afectando el bolsillo de los ciudadanos?
El debate queda abierto. Porque cuando baja el río, también puede subir el costo de transportar lo que Santander produce.








