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Después de casi diez años de un proceso judicial marcado por la búsqueda de justicia, el Juzgado Sexto Penal del Circuito con Función de Conocimiento de Barrancabermeja condenó este 2 de septiembre de 2026 a Diego Armando Amaya Pérez a 510 meses de prisión, equivalentes a 42 años y 6 meses, como responsable del delito de feminicidio agravado de la joven médica asesinada en noviembre de 2016.
De acuerdo con la sentencia, entre julio y noviembre de 2016, Amaya Pérez sostuvo una relación sentimental con la víctima, marcada por un patrón reiterado de violencia física, verbal, psicológica y sexual, además de comportamientos de control, celos, amenazas y maltrato. Para el despacho judicial, estos antecedentes permitieron establecer un contexto de violencia de género y dominación.
La noche del 22 de noviembre de 2016, la víctima fue agredida inicialmente dentro del vehículo en el que se movilizaba junto al procesado. La investigación estableció que sufrió golpes de gran contundencia y posteriormente fue trasladada contra su voluntad hasta la vivienda de Amaya Pérez, ubicada en el barrio Miraflores de Barrancabermeja.
En ese inmueble continuaron las agresiones. La sentencia señala que la mujer fue sometida a una violencia extrema, fue inmovilizada y posteriormente sufrió una asfixia mecánica por sofocación. El cuerpo fue encontrado al día siguiente, 23 de noviembre de 2016, enterrado en una fosa clandestina en el patio trasero de la vivienda del procesado.
Las pruebas forenses fueron determinantes para el fallo. La necropsia estableció que la muerte se produjo por la obstrucción de las vías respiratorias con cinta adhesiva, lo que provocó que la víctima aspirara su propio contenido gástrico. Además, fueron documentados signos de inmovilización en los tobillos, lesiones en las muñecas y múltiples traumatismos en diferentes partes del cuerpo.
El juez concluyó que estas lesiones no eran necesarias para causar la muerte, sino que evidenciaban un sometimiento físico cruel y prolongado. La sentencia descartó que se tratara de una simple riña o un hecho accidental y determinó que existió una relación de poder y dominación sobre la víctima.
Uno de los elementos analizados por el despacho fue el comportamiento controlador que, según los testimonios, Amaya Pérez habría ejercido durante la relación. La sentencia recoge declaraciones que describieron episodios de celos, aislamiento, insultos, agresiones físicas y acciones encaminadas a limitar la autonomía de la mujer y alejarla de su entorno familiar.
El proceso judicial tuvo además un giro importante años después del primer fallo. En 2017 se había producido una condena por homicidio agravado, pero la decisión fue apelada por la representación de las víctimas y en 2021 el Tribunal Superior de Bucaramanga decretó la nulidad de lo actuado desde la audiencia de verificación del allanamiento, al considerar necesario analizar la posible configuración del delito de feminicidio a partir de nuevos elementos de la necropsia. Posteriormente, la Fiscalía presentó acusación formal por feminicidio agravado.
Finalmente, el Juzgado Sexto Penal del Circuito determinó que la Fiscalía logró demostrar más allá de toda duda razonable que la muerte estuvo relacionada con razones de género, dominación y sometimiento, por lo que condenó a Amaya Pérez por feminicidio agravado.
Además de los 42 años y 6 meses de prisión, el condenado recibió una pena accesoria de 20 años de inhabilitación para ejercer derechos y funciones públicas. El juzgado también negó la suspensión condicional de la pena y la prisión domiciliaria.
Sin embargo, la decisión es de primera instancia y puede ser apelada. El fallo establece que, una vez quede ejecutoriado, deberá librarse la respectiva orden de captura para el cumplimiento de la condena, debido a que el procesado actualmente se encuentra en libertad.
Casi una década después de aquel crimen que estremeció a Barrancabermeja, la justicia emitió una condena de más de cuatro décadas contra el responsable declarado del feminicidio. Una decisión que reconoce judicialmente que la muerte de Yolsabeth Durán. no fue un simple homicidio, sino la culminación de un contexto de violencia y dominación contra una mujer.








