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El Real Madrid murió en la orilla de la remontada, envuelto en una épica insuficiente para batir al Bayern Múnich, que firmó una victoria (4-3) con la que terminó la temporada del equipo de Álvaro Arbeloa en el torneo de clubes mas importante del mundo.
El despertar blanco, con la Supercopa, la Copa y la Liga perdidas, llegó tarde. No tenía más opciones y dio todo lo que tenía en el Allianz Arena. Firmó un primer tiempo desatado, se encorsetó en el segundo e hincó la rodilla en el 87, cuando Luis Díaz marcó el 3-3 justo después de la expulsión de Camavinga, otra vez señalado. Un final cruel.
En los minutos finales, con los dos equipos a un gol de las semifinales y con miedo a una imprudencia fatal. Todo se iba a decidir en un detalle, en un error fatal, y este fue el de Camavinga, señalado dos veces esta última semana y una tercera en el peor momento: saltó al terreno de juego en el minuto 62 y fue expulsado por doble amonestación en el 87.
Entonces, apareció Luis Díaz. Justo después, en el 87, El colombiano, uno de los menos inspirados del Bayern, se sacó de la chistera un zapatazo desde fuera del área que acabó con todo.
Después Olise cerró la puerta con el 4-3 definitivo y la épica a la que parecía abonada el Real Madrid se desvaneció en dos instantes, en los dio por finiquitada la temporada: adiós a la Copa, adiós a la Liga y adiós a Europa. El equipo de Arbeloa dio la cara, pero tarde.






