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Ocho años después de que un afloramiento de crudo asociado al pozo Lizama 158 dejara una de las imágenes ambientales más duras en la región del Magdalena Medio, la zona ha cambiado radicalmente.
Lo que en 2018 fue un terreno cubierto de petróleo y afectado gravemente en su flora y fauna, hoy hace parte de la Ecoreserva La Tayra-Lizama, un área de restauración ambiental donde se han sembrado más de 9.000 plántulas de 48 especies nativas y se han registrado más de 1.300 avistamientos de fauna silvestre, incluidos monos cariblanco, ocelotes, armadillos y guacharacas.
César Loza, miembro de la junta directiva mencionó que “Hace ocho años ocurrió este lamentable afloramiento, un riesgo propio de la industria. Hoy podemos afirmar que la zona está recuperada: volvió la fauna, la flora y las fuentes hídricas”.
También, este proceso de recuperación no solo ha permitido la rehabilitación de la cobertura vegetal, sino que también promueve la conectividad ecológica y la conservación de la biodiversidad en un territorio que en su momento sufrió grandes impactos.
La Ecoreserva La Tayra-Lizama hace parte de la red de áreas de este tipo que busca consolidar la restauración de zonas afectadas por actividades industriales y fortalecer el equilibrio ambiental en el país.








